Era lunes.
Escuché la alarma de mi celular sonando en la lejanía, mientras me decidía entre quedarme en mi pequeño mundo de sueños o afrontarme a la amarga realidad del lunes.
Estiré el brazo para alcanzar aquel dispositivo infernal. Una vez estando en mis manos, me vi tentado a lanzarlo contra la pared, pero ¿qué tal si no se apagaba, y ahora debía ir a por él al otro lado del cuarto para apagarlo?
“¿Qué día fue ayer?” Era la pregunta que mostraba su pantalla, maldito el momento en que decidí bajar una aplicación de alarma que no me dejara apagarla sin ver.
“No es que te importe, pero ayer fue domingo” le respondí a mi celular, cuando vives solo tiendes a hablarle a objetos inanimados… aunque, para ser sincero, es un hábito que he tenido desde mucho tiempo atrás.
Con desgano me quité las cobijas de encima, al mismo tiempo que bostezaba sonoramente. Me levanté de la cama, me quité el pantalón de la pijama y me puse las chanclas. Caminé directo a la regadera, y sin bien abrir los ojos, me coloqué bajo el torrente de agua que salía de la ducha.
Yada yada yada… 15 minutos transcurrieron en los cuales me bañé de forma mecánica y estiré el brazo para alcanzar la toalla… la toalla… ¿dónde carajo estaba la toalla?
.
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Salí desnudo del baño, totalmente empapado (vaya forma de despertar; tenía que ser lunes). Entré al cuarto, tomé la toalla y me sequé sin apuro (después de todo, el cuarto ya era un lío, y un poco de agua en mi desorden seguramente no haría la gran diferencia), alcancé un par de bóxers que sobresalían por la abertura del cajón… “Vaya! Mis favoritos. El día comienza a pintar mejor”.
En algún lugar escuché que, si un día se veía mal, usaras tu ropa interior favorita; algo sobre sentirse cómodo “ahí” mejoraba la forma en la que veías tu entorno.
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La pantalla de mi celular se iluminó y comenzó a vibrar; a lo lejos alcancé a ver la fotografía que mostraba. “Es demasiado lunes como para querer pensar en ti” – Dije, al mismo tiempo que me decidí a no contestar la llamada. Cuando el teléfono llegó a un alto total me acerqué para bloquearlo de nuevo, pero al tocarlo vibró nuevamente.
“¿Te quedaste dormido otra vez? ¿No ves que ya es tarde? ¿Cuándo vas a ser más responsable?”
Hace ya dos meses que dejamos de ser lo que sea que fuéramos en ese entonces, pero tuvimos la grandiosa idea de mantener contacto. “Seamos maduros” y “Podemos seguir siendo amigos” fueron las frases con las que nos engañamos para aceptar este tipo de relación.
Aunque su mensaje era algo exagerado, tenía razón en una cosa: Ya era tarde. Tomé la mochila y me dirigí a la parada del bus.
3 minutos de espera. “¿Estará cerca ya el camión?”
5 minutos. “¿Será que lo perdí?”
10 minutos. “Debería comprar un auto.”
10 minutos, 30 segundos. “¿Con qué dinero?”
13 minutos. “Debería empezar a caminar.”
14 minutos. ¡POR FIN!
Subí y pagué, procedimiento normal. Habían aproximadamente 10 pasajeros, todos repartidos a lo largo del autobús. Fui a los asientos de la sección media y me senté a la derecha. Nada había llamado mi atención hasta este momento, cuando vi que justo frente a mí se encontraba la chica más hermosa que he tenido la dicha de observar en la vida real.
Jamás había tenido la imperiosa necesidad de llegar y presentarme con una completa desconocida.
“Quiero acercarme… ¿Qué le digo? ¿Está volteando hacia acá? Me está viendo… ¡ME ESTÁ VIENDO! Sonríe… Sonríe… No parezcas un maniático, sonríe natural… ¡ME SONRIÓ! Ok ok… be cool… mira hacia la ventana y finge que no le prestas atención. Bien… ¿Y ahora? ¿Cómo me acerco? ¿Qué le digo? ‘Hola, sé que no me conoces y recién me sonreíste me armé de valor para venir a hablarte. No lo hago todos los días… No, en serio, es mi primera vez… sí… hueles rico… sí, esta es mi parada, mejor me voy’. ¡Definitivamente eso servirá! No…”
Cinco minutos de pensamientos obsesivos después, me armé de valor y me acerqué a ella.
- ¡Hola! ¿Te conozco de alguna parte? Te me haces conocida…
+ *silencio*
- Sí, ya sé lo que estás pensando y no, no es la peor frase cliché que pude haber usado. Sí, sí me tiraron de cabeza cuando era chiquito.
+ *más silencio. creo que una mueca se formaba en su cara*
- Bueno, una adivinanza. ¿Sabes cuánto pesa un oso polar?
+ *el silencio duele*
- No, yo tampoco. Pensé que lo suficiente como para romper el hielo… pero no.
+ *definitivamente ESO en su rostro es una mueca que quiere ser sonrisa*
- Bueno, me alegra saber que al menos soy bastante bueno con mis predicciones.
+ *mirada confundida*
- Sí, la conversación que tú y yo tuvimos en mi mente hace cinco minutos también iba así, más o menos…
+ *”Are you kidding me?” kind of face*
- Bueno, solamente me acerqué para intentar ser el primero en este día que te comunicara lo hermosa que te ves hoy.
+ “…”
- Ahora, si me disculpas, tengo que tocar el timbre como desesperado y bajarme antes de lo que tenía planeado. Que tengas un lindo día.
Me levanté del asiento y avancé hacia la puerta trasera del autobús, toqué el timbre y me bajé sin mirar atrás…
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+ ¡Cristian!
- ¿Eh?
Volteé y ahí estaba ella. ¿Cómo fue que supo mi nombre? ¿Sí la conocía de alguna parte?
+ Se te cayó tu credencial en el asiento.
- ¡Oh! Muchas gracias… ¿Cómo supiste mi nombre? ¿Sí te conozco de alguna parte?
+ Te acabo de decir que se te cayó la credencial…
- …
+ Tu credencial, con tus datos…
- ¡Ah! ¿Entonces aún no te conozco? Eso es un alivio.
+ ¿Por qué lo dices?
- Porque ahora tengo la oportunidad de conocerte.
+ ¿Y qué te hace pensar que te veré de nuevo?
- Mi teléfono. Extiende tu mano.
+ *Mano extendida*
Saqué un sharpie de mi mochila y escribí mi número telefónico en su antebrazo, ella no mostró resistencia alguna.
- Ahora, si me disculpas, voy tarde a una clase, pero el martes por la tarde me queda perfecto. O bien, puedes fingir que esto jamás pasó, pero los sharpies no se borran fácil. Nos vemos después, señorita desconocida. Un gusto viajar con usted.
Y me fui corriendo hasta llegar a la facultad. Las piernas me dolían y sudaba bastante, el señor sol no se mostró piadoso conmigo.
Al entrar al salón, mi celular vibró
Me alegraste el día, gracias. Puedes llamarme Chevy, y puedes llamarme en la semana para que quedemos en algo. Que tengas un buen día, Cristian. (:
– ¿Por qué llegaste tan tarde? Te marqué y ni aún así despertaste… ¿por qué sonríes como imbécil?
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19.812445
-97.360518
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