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Cuando me voy a dormir tomo el lado de la cama que está pegado a la pared, así cuando despiertes antes que yo no tendrás que preocuparte por pasar sobre mí.

Sé que amas tomar leche directo de la caja, por eso siempre procuro dejar una en la parte más alta del refrigerador.

Sé que te gusta recargarte sobre mí porque estoy gordito y cómodo, por eso procuro siempre comer el postre (jejeje).

Sé que te gusta caminar descalza por la casa, por eso nunca dejo que caiga nada en el piso.

Sé cuál es tu tipo favorito de pornografía y tengo en marcadores los videos que me has mostrado, for science.

Sé que me preguntas cómo estuvo mi día justo antes de dormir porque la forma en que narro las cosas te arrulla, y no me molesta en lo absoluto.

Quiero que sepas que lo sé.
Quiero que sepas que lo noto.
Quiero que sepas que te noto.
Me gustaría saber si tú me notas.

Bus Ride

Era lunes.

Escuché la alarma de mi celular sonando en la lejanía, mientras me decidía entre quedarme en mi pequeño mundo de sueños o afrontarme a la amarga realidad del lunes.

Estiré el brazo para alcanzar aquel dispositivo infernal. Una vez estando en mis manos, me vi tentado a lanzarlo contra la pared, pero ¿qué tal si no se apagaba, y ahora debía ir a por él al otro lado del cuarto para apagarlo?

“¿Qué día fue ayer?” Era la pregunta que mostraba su pantalla, maldito el momento en que decidí bajar una aplicación de alarma que no me dejara apagarla sin ver.
“No es que te importe, pero ayer fue domingo” le respondí a mi celular, cuando vives solo tiendes a hablarle a objetos inanimados… aunque, para ser sincero, es un hábito que he tenido desde mucho tiempo atrás.

Con desgano me quité las cobijas de encima, al mismo tiempo que bostezaba sonoramente. Me levanté de la cama, me quité el pantalón de la pijama y me puse las chanclas. Caminé directo a la regadera, y sin bien abrir los ojos, me coloqué bajo el torrente de agua que salía de la ducha.

Yada yada yada… 15 minutos transcurrieron en los cuales me bañé de forma mecánica y estiré el brazo para alcanzar la toalla… la toalla… ¿dónde carajo estaba la toalla?

.

.

.

Salí desnudo del baño, totalmente empapado (vaya forma de despertar; tenía que ser lunes). Entré al cuarto, tomé la toalla y me sequé sin apuro (después de todo, el cuarto ya era un lío, y un poco de agua en mi desorden seguramente no haría la gran diferencia), alcancé un par de bóxers que sobresalían por la abertura del cajón… “Vaya! Mis favoritos. El día comienza a pintar mejor”.

En algún lugar escuché que, si un día se veía mal, usaras tu ropa interior favorita; algo sobre sentirse cómodo “ahí” mejoraba la forma en la que veías tu entorno.

****************************************************************
La pantalla de mi celular se iluminó y comenzó a vibrar; a lo lejos alcancé a ver la fotografía que mostraba.  “Es demasiado lunes como para querer pensar en ti” – Dije, al mismo tiempo que me decidí a no contestar la llamada. Cuando el teléfono llegó a un alto total me acerqué para bloquearlo de nuevo, pero al tocarlo vibró nuevamente.

“¿Te quedaste dormido otra vez? ¿No ves que ya es tarde? ¿Cuándo vas a ser más responsable?”

Hace ya dos meses que dejamos de ser lo que sea que fuéramos en ese entonces, pero tuvimos la grandiosa idea de mantener contacto. “Seamos maduros” y “Podemos seguir siendo amigos” fueron las frases con las que nos engañamos para aceptar este tipo de relación.

Aunque su mensaje era algo exagerado, tenía razón en una cosa: Ya era tarde. Tomé la mochila y me dirigí a la parada del bus.

3 minutos de espera. “¿Estará cerca ya el camión?”

5 minutos. “¿Será que lo perdí?”

10 minutos. “Debería comprar un auto.”

10 minutos, 30 segundos. “¿Con qué dinero?”

13 minutos. “Debería empezar a caminar.”

14 minutos. ¡POR FIN!

Subí y pagué, procedimiento normal. Habían aproximadamente 10 pasajeros, todos repartidos a lo largo del autobús. Fui a los asientos de la sección media y me senté a la derecha. Nada había llamado mi atención hasta este momento, cuando vi que justo frente a mí se encontraba la chica más hermosa que he tenido la dicha de observar en la vida real.

Jamás había tenido la imperiosa necesidad de llegar y presentarme con una completa desconocida.

“Quiero acercarme… ¿Qué le digo? ¿Está volteando hacia acá? Me está viendo… ¡ME ESTÁ VIENDO! Sonríe… Sonríe… No parezcas un maniático, sonríe natural… ¡ME SONRIÓ! Ok ok… be cool… mira hacia la ventana y finge que no le prestas atención. Bien… ¿Y ahora? ¿Cómo me acerco? ¿Qué le digo? ‘Hola, sé que no me conoces y recién me sonreíste me armé de valor para venir a hablarte. No lo hago todos los días… No, en serio, es mi primera vez… sí… hueles rico… sí, esta es mi parada, mejor me voy’. ¡Definitivamente eso servirá! No…”

Cinco minutos de pensamientos obsesivos después, me armé de valor y me acerqué a ella.

- ¡Hola! ¿Te conozco de alguna parte? Te me haces conocida…

+ *silencio*

- Sí, ya sé lo que estás pensando y no, no es la peor frase cliché que pude haber usado. Sí, sí me tiraron de cabeza cuando era chiquito.

+ *más silencio. creo que una mueca se formaba en su cara*

- Bueno, una adivinanza. ¿Sabes cuánto pesa un oso polar?

+ *el silencio duele*

- No, yo tampoco. Pensé que lo suficiente como para romper el hielo… pero no.

+ *definitivamente ESO en su rostro es una mueca que quiere ser sonrisa*

- Bueno, me alegra saber que al menos soy bastante bueno con mis predicciones.

+ *mirada confundida*

- Sí, la conversación que tú y yo tuvimos en mi mente hace cinco minutos también iba así, más o menos…

+ *”Are you kidding me?” kind of face*

- Bueno, solamente me acerqué para intentar ser el primero en este día que te comunicara lo hermosa que te ves hoy.

+ “…”

- Ahora, si me disculpas, tengo que tocar el timbre como desesperado y bajarme antes de lo que tenía planeado. Que tengas un lindo día.

Me levanté del asiento y avancé hacia la puerta trasera del autobús, toqué el timbre y me bajé sin mirar atrás…

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+ ¡Cristian!

- ¿Eh?

Volteé y ahí estaba ella. ¿Cómo fue que supo mi nombre? ¿Sí la conocía de alguna parte?

+ Se te cayó tu credencial en el asiento.

- ¡Oh! Muchas gracias… ¿Cómo supiste mi nombre? ¿Sí te conozco de alguna parte?

+ Te acabo de decir que se te cayó la credencial…

- …

+ Tu credencial, con tus datos…

- ¡Ah! ¿Entonces aún no te conozco? Eso es un alivio.

+ ¿Por qué lo dices?

- Porque ahora tengo la oportunidad de conocerte.

+ ¿Y qué te hace pensar que te veré de nuevo?

- Mi teléfono. Extiende tu mano.

+ *Mano extendida*

Saqué un sharpie de mi mochila y escribí mi número telefónico en su antebrazo, ella no mostró resistencia alguna.

- Ahora, si me disculpas, voy tarde a una clase, pero el martes por la tarde me queda perfecto. O bien, puedes fingir que esto jamás pasó, pero los sharpies no se borran fácil. Nos vemos después, señorita desconocida. Un gusto viajar con usted.

Y me fui corriendo hasta llegar a la facultad. Las piernas me dolían y sudaba bastante, el señor sol no se mostró piadoso conmigo.

Al entrar al salón, mi celular vibró

Me alegraste el día, gracias. Puedes llamarme Chevy, y puedes llamarme en la semana para que quedemos en algo. Que tengas un buen día, Cristian. (:

– ¿Por qué llegaste tan tarde? Te marqué y ni aún así despertaste… ¿por qué sonríes como imbécil?

 

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Onírico

Era el fin del mundo.
Era el fin de nuestro mundo. Es la única explicación que encuentro para que ella se fijara en mí.
Nos encontrábamos en el tercer piso del edificio de apartamentos, mirando a través de la ventana. Éramos refugiados (ella, yo y otra docena de personas nos encontrábamos ahí).

Estábamos en guerra, una guerra que no estoy seguro de quién inició, pero ciertamente no sería yo quien la terminara. Tenía miedo.

Un tremendo grupo de personas avanzaba por las calles hacia lo que para mí era un suicidio colectivo. No había forma de que pudieran lograr nada.

“Quiero ver lo que le sucede a la primer horda… no los entiendo. Lo que les ocurra, se lo merecen. No saben lo que hacen.” —dije.

“Eres un maldito cobarde!” —me respondió ella, quien recién entraba al cuarto, preparada para unirse a aquellos que marchaban bajo nosotros.

Jamás habíamos hablado mucho cara a cara. Éramos conocidos, nada más.

No sé cómo ocurrió, pero logré convencerla de que el primer ataque sería un suicidio y que debía esperar un poco si en verdad quería cambiar algo. Furibunda, se quitó sus botas y se retiró a su cuarto. Los demás refugiados fingieron que no les importaba lo que recién ocurrió, nadie quería tener conflictos ahí. Vivíamos en decadencia desde hace mucho tiempo, y a pesar de ser unidos, tratábamos de no ser entrometidos.

Fui al baño por un momento. Poco antes de finalizar, ella entró desnuda y sin inmutarse por mi presencia, giró la perilla del agua caliente y dejó caer el chorro sobre su cuerpo.

“Después de todo ya estamos muertos, por qué habría de preocuparme que me vieras así?”—Me dijo, tras haber leído mi mirada de confusión.
“Ya te había visto así antes…” —le dije, ignorando la indignación en su tono de voz.
“Ah, sí? Eso significa que no tienes deseos de tocarme?”—dijo con un tono bastante molesto.

Ella es más baja que yo, delgada, tiene un largo cabello castaño, piel blanca y unos senos discretos… me encantaba desde siempre.

Tomó mi mano y la puso sobre su pecho izquierdo. Aún conservaba en su rostro aquella mirada de enojo. La tomé por la cintura con la mano que tenía libre y me acerqué a ella.

Nos besamos.

No sé si alguien lo dijo, o yo lo pensé, pero sé que mientras teníamos los ojos cerrados, bajo el chorro de la regadera, escuché decir: “después de todo, es el fin del mundo“.

Mi ropa se encontraba empapada y entorpecía (aún más) mis movimientos. Ella empezó con mis pantalones mientras yo me quitaba la camisa; seguíamos en la ducha. Lanzamos mi ropa por la ventana y nos fundimos en otro beso.

La tomé con ambas manos por las nalgas y la levanté mientras ella reía a carcajadas, hace mucho que no la escuchaba reír así.

La apoyé en el lavabo y seguimos con lo nuestro…

Corrimos hacia su cuarto; era justo como lo había imaginado: tremendamente desordenado pero con un sentido de armonía. Fue entonces cuando ocurrió… Dos días me acogió como huésped en su santuario.

Yo la quería a ella, ella quería sentir a alguien cerca.

Justo cuando ella empezaba a ponerse de nuevo la ropa, desperté.

Todo había sido un sueño, pero ciertamente me había sacado una gran sonrisa haber pasado esas dos noches con aquella conocida.

Tuve la necesidad de contárselo a alguien más, y hablé con la primer persona que encontré. Poco antes de que esa persona pudiera decirme lo que creía que significaba el sueño, desperté.

Un sueño dentro de un sueño.

No fue hasta pocos minutos después de este segundo despuertar que encontré curioso que aquel extraño fuera una oveja usando nada más que una gabardina.

Quadri siempre será el hipster con el que quiera estar abrazado mientras canto rolas de Foster the People, pero como candidato vale verga.

De Josefina no sé qué decir, no supe nada de ella, no me interesó. Jamás entendí a aquellos que la siguieron.

Defino a Andres Manuel como alguien terco, era el sexenio de Marcelo.

Peña Nieto es el mensajero, cada uno de sus movimientos vienen de más arriba.

A las 22:02 llevan contabilizadas el 4% de las casillas [o sea que faltan chingos], pero veo a Priístas celebrando, Chepiliebers pidiendo a los AMLOvers que claudiquen igual que ellos y Pejezombies gritando que hay un fraude y con teorías conspiratorias.

4% no es representativo.

México es un 100%, eso no se debe olvidar.
México no es 132, México es 112,322,757 [hasta el 2010].
El presidente solamente será 1.
El presidente solamente es un 0.000000890291537…% de la población.

Creen que el presidente hará de México algo mejor de la noche a la mañana, ¿así quieren un cambio verdadero?

Sí, el cambio verdadero está en tus manos, pero eso no significa que cambias al país con un voto, se cambia con acciones.

Quítense sus colores por un momento, porque no importa quién gane; si nos seguimos dividiendo, todos perdemos.

“Estoy embarazada”

Revelación

Era martes, recién llegaba de trabajar y me disponía a sentarme en el sofa, pero al escucharla decir esto con ojos llorosos, me levanté corriendo y la abracé fuertemente.

“¡Felicidades mi amor! ¿Te enteraste hoy? ¿Es niño o niña? Espera… aún no se puede saber, ¿o sí?”

Probablemente jamás olvidaré la incredulidad en su cara ante lo que ocurría; era la misma cara que pone un niño pequeño al creer que será severamente sancionado por un error, pero termina recibiendo una palmada en la cabeza al tiempo que le dicen que no es tan importante, así se veía ella en ese momento.

“No, aún no se puede saber” dijo esto mientras intentaba limpiarse una lágrima que recorría su mejilla “¿Estás feliz con esto?”

“¿Cómo no voy a estarlo? Es nuestro hijo después de todo” le dije con una amplia sonrisa. Comprendía su preocupación, pero yo no mentía, querría a este hijo como si fuera mío.

 

La preocupación

Han pasado ya 3 meses de embarazo. Al principio fue difícil para ella, con todos los cambios que un embarazo representa para su cuerpo. Ella seguía asistiendo a sus prácticas normalmente, sólo quedan dos meses más para que terminemos la carrera con todas las de la ley y el bebé ha sido una motivación muy grande para los dos. Afortunadamente ambos ya tenemos un trabajo asegurado así que el futuro pinta muy bien para nosotros.

Sin embargo, una noche noté a Verónica inquieta. Habíamos ido a su chequeo ese día y según yo, todo había salido bien. Me sentía tentado a preguntarle, pero fingí no notarlo y esperé a que ella quisiera decírmelo, si es que fuera algo que yo necesitara saber; después de todo, si algo he aprendido es que no se debe presionar demasiado.

“Hoy…” Estábamos en la cocina, preparando la cena. Ella se encontraba vigilando la cacerola cuando empezó a musitar. “Hoy he llamado a Víctor… le dije que estaba embarazada”. Tras decir esto agachó un poco la mirada. Me preparé para decir algo, pero ella continuó “¡No es mío! ¡Seguramente ya te dejó ese cabrón porque te vio gorda! Y claro, ¡vienes a echarme tus pendejadas a mí!”.

Me acerqué a ella y la abracé mientras dejaba la cacerola a un lado. Ella empezó a llorar en silencio sobre mi pecho y noté como se humedecía mi camisa. Tras unos minutos abrazados y en silencio, Vero se tranquilizó y empezó a hablar nuevamente.

“¿Crees que fue un error?”

“No, era algo que debíamos hacer tarde o temprano… aunque me hubiera gustado hacerlo contigo”

“A mí también me habría gustado que lo hiciéramos juntos, pero sentí que debía hacerlo de esta manera… ¿Ahora qué haré?”. Su cara aún no se despegaba del todo de mi pecho, así que escuchaba un poco amortiguadas sus palabras.

“Haremos lo que ya teníamos planeado, ¿o es que acaso algo ha cambiado?”

El inicio

Verónica es una chica que conocí al comenzar la universidad y hemos sido grandes amigos casi desde el principio. No fue hasta un año después de conocerla, que comencé a desarrollar sentimientos hacia ella. Jamás se lo mencioné, aunque siempre hubo una vibra peculiar entre ella y yo, ese sentimiento implícito que puede expresarse fácilmente con una mirada. Ella no tuvo novio y yo no tuve novia, quizás por distintas razones, pero así eran las cosas y así estaban bien [más o menos].

Hace un año Víctor se fijo en ella. Él es uno de los consentidos en la carrera, no había profesor o alumno que no supiera quién era y por algún motivo le encantaba a todo el mundo; sinceramente jamás entendí la obsesión de todos por alguien como él, deberían saber que aquellos que se esfuerzan más por ser perfectos seguramente son los más dañados.

Verónica no me escuchó, se enamoró.

Yo no me escuché, me quedé a su lado.

No sé bien en qué momento los cortejos de Víctor cesaron, pero su forma de tratar a Vero cambió radicalmente de la noche a la mañana. De momento se sentía mejor que ella, la trataba como si no fuese digna de estar con él… ¿En qué momento alguien decidió que una persona así debería ser admirada?

Ella no se alejó de su lado, a pesar de todas las señales de rechazo que él le mandaba.

Un mes antes de que ella y yo comenzáramos a salir, tuve su última gran pelea con Víctor. Ataques de celos y sinsentidos de parte de él. Me veía a mí como una amenaza a su relación, pero ella se cansaba jurando que el único receptáculo de su amor era él, sin embargo no le importó. Ella lloró y pidió perdón como si hubiera hecho algo mal, la única persona que hizo mal fue su padre al no usar condón, pero el daño había sido hecho ya muchos años atrás y sería difícil enmendarlo.

Verónica sufrió mucho la separación… al menos por un tiempo.

¿En qué momento se unieron los planetas? ¿Quién susurró a mi oído las palabras exactas? Jamás podré responder a estas preguntas, pero un mes después de aquel incidente, ella y yo nos dijimos “te amo”. En verdad lo sentíamos.

Víctor tenía razón después de todo.

Súcubo

Soñaba constantemente sobre ella, invocaba su figura en mis sueños y hacíamos cosas que despierto jamás pasarían, y me gustaba… Sin embargo, entraba en conflicto con mi nueva moral, pues no debía poseerla ni siquiera en sueños, así que la llamé súcubo y la volví un demonio a mis ojos…

Una vez amé demasiado a una mujer, deseaba su ser y no podía obtenerlo. Para liberarme de ella cambié sus cualidades por fallos y las llamé tentaciones. A mi deseo lo llamé lujuria y me hice creer que no tenerla me haría alguien mejor.

Tengo unas cuantas razones para bailar sin en calzones:

  • Mi club de haters no es tan grande como imaginaba
  • Se terminaron mis clases
  • Fue un semestre tranquilo y obtuve buenos resultados
  • Puedo disfrutar de mis vacaciones porque no tengo un sólo problema
  • No me veo [tan] feo en este momento
  • Soy útil [kinda]
  • No me he bañado :3
  • Diciembre y enero son mis meses favoritos. Dejen a un lado la celebración y el consumismo, me la paso con mi familia y no es por presumir pero mi familia es bastante cool
  • Mi padre vendrá a visitarnos [fecha tentativa: dentro de 15 días]
  • El saldo de mi amigo no se ha agotado [ahora ya estoy desvariando]

Se acabaron las clases y les juro que extrañaré Xalapa bastante [siendo Xalapa definida como mis amistades aquí]. También me será difícil estar en mi ranchito sin wi-fi ni nada parecido. Me iré de ermitaño por un tiempo, pero quién sabe, quizás sea durante este periodo en el cual encuentre la respuesta a la máxima pregunta… aunque pensándolo bien ya todos sabemos que la respuesta es 42, pero me gustaría conocer el procedimiento para llegar a tan perfecta cifra.

Esto es para medio decir “See ya later”, ya saben que las palabras no son lo mío. Ahora si me disculpan, tengo una larga lista de pendientes que me gustaría completar pronto.

Ya puedo marcar como cumplido “Escribir un post nomás porque sí”.

P.D. Si desean contactarme, usen el celular n_n

Told you so…

Ella llegó a mi puerta, me sorprendió bastante verla. Hacia tiempo que no hablábamos, pero su visita me parecía grata. Se sentó en la sala, mirando hacia la taza de café que le había ofrecido. Tras unos segundos de silencio, comenzó a hablar.

-¿Recuerdas cuando me dijiste que él no me amaba?
-Aha
-y que sólo estaba detrás de mis “sabrosísimos y esculturales huesitos”?
-Yep
-¿Y que te llamé un idiota por haber dicho eso?
-Si, incluso recuerdo que me dijiste que me ibas a dar una cachetada si continuaba diciendo esas cosas. ¿Qué con eso? -Respondí sin mucho interés; esos eran problemas que ya deseaba olvidar.
-Tenias razón. Él me lo dijo hoy, tras pelearnos por enésima vez
-Conozco a los de mi tipo; y la verdad no es que tu cuerpo sea lo único que tengas que ofrecer, pero es lo que atrae a los pendejos…
-No es sabrosísimo ni escultural, ¿o sí?
- … -*la mira de arriba a abajo* – Estoy bastante seguro de que estás sabrosa – Le dije en tono burlón.
-¡Tarado! – Tras decir esto se sonrrojó un poco y  me miró a la cara, yo proseguí.
-Ok, no, estás horrible, huanga, fea…
-Me estás buscando cabrón -Esa era la Alejandra que yo conocía, me alegré al descubrir que aún seguía dentro de ese caparazón.
-Sabes que estoy jugando. Eres una chica muy linda, eso que ni qué. Tendrás que aprender a separar a las personas que te buscan por quien eres de las personas que te buscan por… * la miré de arriba a abajo nuevamente*
-¿Cómo hago eso?
-Sentido común

Ella era una amiga de hacia varios años; nos encontrábamos charlando sobre su más reciente decepción amorosa: Francisco. Ese tipo era el típico ser despreciable cuya frase favorita era “yo siempre tengo lo que quiero”; he de admitir que sentí un escalofrío tremendo cuando me enteré que su mirada se había colocado sobre Alejandra, no quería que saliera mal parada otra vez; bastante me había costado ya sacarla de su anterior desamor.

Desafortunadamente, no logré hace nada para impedir el curso que ya habían tomado las cosas, e incluso terminamos peleados por un tiempo, un periodo bastante gris en el libro de mi vida. Ahora ella regresa un poco arrepentida, deseando no haber sido tan testaruda; yo deseo no haber sido tan directo, no haberme cerrado a las posibilidades, quizás algo habría cambiado de haberle mostrado mi apoyo, aunque no vale la pena torturarme con esos pensamientos. Hubiera preferido mil veces que el tiempo mostrara que yo era el que estaba equivocado.

En este momento la abrazo fuerte, le recuerdo lo mucho que vale y las tantas cosas que es capaz; ese patán destruyó su autoestima, pero lo que más me molesta es que ella haya permitido tal fechoría en su contra.

Jamás había deseado regresar el tiempo con tanto fervor como lo hago ahora.

A veces

En ocasiones me dan ganas de escribir. En realidad me gusta mucho hacerlo, pero se me dificulta en demasía; me aburro fácilmente, y en algún lugar leí [quizás de Murakami, pero ahora no recuerdo] que si a ti te gusta algo, entonces podrás seguir escribiendo más y más, si lo que escribes te aburre, te será difícil continuar.

Yo no me aburro, sólo me agobia entrar en mi mente, reflexionar, analizar lo que se encuentra en mi imaginación, porque aunque no quiera, ahí mismo almaceno mis memorias, ahí se funden sin desearlo, inevitablemente.

Entonces pienso, ¿de qué escribo? Y me encuentro imaginando un personaje principal, quien suele ser la suma de propiedades que desearía poseer. Luego viene a mi una locación, la típica locación, la ciudad en la que radico, es lo más inmediato, no requiero de tanto esfuerzo. Entonces llegan los sentimientos, pero no los busco, ellos sólos se permiten llegar a la historia. De repente salen de mis dedos risas y experiencias agradables, inspiradas en el día que acaba de terminar, aún están frescas, desean ser parte de todo… Sin siquiera desearlo el texto se convierte en un fragmento autobiográfico.

Sin darme cuenta, llega sin hacer ruido un sentimiento amargo, fragmentos de un pasado que no me enorgullece, pero que no puedo ni deseo cambiar. Amores, amor, ex-amor… Sufrimiento, desesperación, tristeza, felicidad, más tristeza. Hay experiencias que se graban de forma más clara en nuestro ser, por eso es que accesamos fácilmente a ellas, aunque no es que lo deseémos.

Termino una historia de no más de una página, lo suficiente para entretener por unos cuantos minutos a algún lector casual, pero conforme avanzas logras sentir una sombra que acompaña al texto y la melancolía me llena. A veces logro imprimir mi sentir, pero no es algo que quiera compartir del todo. Entonces me avergüenzo de lo escrito y lo borro, no le doy la oportunidad de probar su valía.

Incluso lo malo, es bueno desde algún punto de vista. Incluso un error es un resultado positivo.

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